Me ha llamado la atención esta expresión utilizada por Juan de Dios Martín Velasco para referirse a ese tipo de cristianismo, al que estamos llamados, cristianismo que vive la fe, como no puede ser de otra manera, en medio del mundo, atento a situaciones de increencia, en muchas ocasiones consecuencia de su progresivo alejamiento de la fe, y en otras por desonocimiento, pero a las que el cristiano se ve llamado a dialogar y no solo a testimoniar, transparentando en su vida el gozo, la razón para vivir que le comunica su esperanza: La Buena Nueva, que hace presente con palabras y obras a quien le quiera escuchar, y con la humildad de quien sabe que comunica algo que no procede de él, que le ha sido dado desde lo alto, y que justo por eso tiene una eficacia inigualable. Pero tal vez nos estemos tan lejos los uno de los otros, pues descubrimos en nosotros mismos vestigios de ideales y valores cristianos que no hemos sabido defender. Pues la evangelización forma parte del ser cristiano y esta salida de sí a los caminos del mundo es condición para realizar nuestra identidad cristiana, dando respuesta a aquellos que tras instalarse en la increencia como búsqueda de una libertad absoluta, han acabado convirtiéndose en esclavos de ella....

Comentarios
Publicar un comentario